Joan Ximénez, el Petitet


Barcelhome pone a la venta el piso dedicado a el Petitet, el chico de la rumba catalana.

Su historia empieza así:

"Es preferible reir que llorar y asi la vida se tiene que tomar...."

Esto lo cantaba Peret, el chico de la calle de la Cera del Raval que inventó la rumba catalana. Pedro Pubill, como se llamaba Peret, proveniente de una familia que tiraba adelante en el mundo del textil, salía a jugar en la calle de pequeño. Otros chicos y él corrían cantando por la calle Cera. Gitanos, alegres y despreocupados, cansados de boleros y tangos, palmeaban el ritmo flamenco con más ligereza, más rápido, creando melodías más bailables, más acorde con la época y con su manera de hacer. Ritmos y letras con gran personalidad que trataban de temas como el amor y el desamor, la belleza y la hipocresía.

Hacían un corro allí donde la calle de la Cera se ensancha, cerca de la esquina con la calle Riereta. Cantaban y reían de las piruetas que hacía Peret con su guitarra.

A ritmo del ventilador, del palmear y la rumba catalana que Peret paseó por medio mundo. Y si no tenían instrumentos, utilizaban cualquier objeto de la calle como tambor.

Animaban la calle de la Cera las tardes de domingo, aquellos gitanos de largas cabelleras negras y brillantes, acompañados de los bailes de preciosas gitanas adolescentes y el palmeo de cualquiera que se acercaba.

Siempre junto a Peret había su primer palmero, al que acompañaba su hijo, Juan Ximénez, al que llamaban el Petitet. Gitano respetado de la calle de la Cera, que no lloraba nunca. Y ahora, después de la muerte de su madre y el diagnóstico de su enfermedad degenerativa repite como un mantra: "es preferible reir que llorar y asi la vida se tiene que tomar..."

Ahora llora cada día, lo necesita. Necesita ir a la calle de la Cera bajo el balcón desde donde hablaba a gritos con Peret, en medio de ropa tendida, de colores, olores y ruidos, y llorar.

Llora por la rumba, por el barrio, por aquel mundo colorista de gitanos festivos, elegantes, y rumberos. Pero sobre todo, llora por la promesa que le hizo a su madre: llevar la rumba catalana a un gran teatro. Y este año ha conseguido crear una orquesta sinfónica de rumba y llevar la rumba catalana al Gran Teatro del Liceo.

Allí donde la calle de la Cera se ensancha cerca de la esquina con la calle Riereta, frente al numero 5, donde los gitanos se reunían para cantar, allí donde nacía la rumba, hay una escultura colgada en la medianera donde se lee: "es preferible reir que llorar y asi la vida se tiene que tomar..."

 
 

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