Raquel Meller


Barcelhome pone a la venta el piso dedicado a Raquel Meller, la cupletista que rechazó a Charles Chaplin.

Su historia empieza así:

Aquel día soleado de septiembre de 1911 andaba especialmente nerviosa. Había ensayado mucho! Pero aun así no estaba segura de conseguir hacerlo bien. Como cada día pasaba por debajo del el balcón del primer piso de la finca de la calle Tapies con entrada por Nou de la Rambla, donde la pequeña Laura la saludaba sonriente con la cara saliendo entre los barrotes de la barandilla.

Era Raquel Meller y ese día debutaba en el teatro Arnau. Nacida en Tarazona el año 1888 en una familia muy humilde, Francisca Marqués de pequeña conocida como la Paca, fue educada en un convento hasta los doce años donde destacó en el coro. Cuando sus padres de trasladaron a Barcelona la colocaron en un taller de costura. Ella siempre cantaba para pasar el rato. Una artista que frecuentaba el taller la oyó y la ayudó en los comienzos de su carrera. La Paca se hizo llamar primero la Bella Raquel y después tomó el nombre de un amante alemán y definitivamente se llamó Raquel Meller. Hizo una carrera trepidante, llevó la copla provinciana a los más altos estamentos, hizo suyas las coplas “La Violetera” y “el Relicario”, reconocida internacionalmente viajó por medio mundo. Se atrevió a decir que no a Charles Chaplin cuando éste le propuso trabajar en una película suya.

La pequeña Laura durante un tiempo aun la veía pasar por debajo de su balcón del piso de Nou de la Rambla, guapa, majestuosa y radiante. Laura suspiraba al verla y soñaba en ser una gran artista, llevar aquellos vestidos, bailar y cantar! Cuando Raquel viajaba y no paseaba por el barrio, Laura pacientemente recopilaba todas las noticias y carteleras que encontraba de su admirada artista. Aun hoy se encuentran enmarcadas y colgadas en una pared del piso.

Llegó la guerra Civil y todos los sueños se desvanecieron. Raquel no volvió nunca más a su vida de cantante, de opulencia y lujo, aunque intentó recuperar su espacio en el mundo del cuplé, otras cupletistas le hicieron sombra. Murió en el año 1962, sola y pobre, pero tuvo un gran funeral. Multitud de admiradores la acompañaron hasta al cementerio de Montjuic para darle el último adiós.

Laura, cada año, participa activamente a la comparsa del Rabal ,se disfraza y sale el día de Carnaval guapa, majestuosa y radiante a cantar y bailar por las calles por donde había paseado su admirada Raquel de camino al Arnau. Y nunca se olvida, al final del recorrido, dejar un ramito de flores, violetas, a la “Violetera” del cuplé, en la estatua de Raquel que el barrio le dedicó y levantó al lado del Arnau al final de la calle Nou de la Rambla.

 

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